¡Hágale, hermano!:Secuestro, narcotráfico y otras alegres audacias del M-19
El informe de la Comisión de la Verdad sobre el Palacio de Justicia y las declaraciones del ex magistrado José Roberto Herrera al hacerlo público, ponen en manifiesto un tema poco tratado en el análisis del conflicto colombiano, pero que es pertinente para entender su evolución a mediados de los ochenta: las relaciones entre el M-19 y el tráfico de drogas. En este ensayo se analizan tales relaciones, ante la pregunta de cómo esa agrupación armada pudo, sin recurrir en forma masiva al secuestro, financiar su activa participación en el conflicto durante la primera gran intensificación, y el inicio de la guerra sucia", a mediados de los años ochenta. El trabajo se divide en cinco secciones. En la primera se describe el impresionante incremento que se observa en el secuestro a mediados de los ochenta. En la segunda se analizan algunos factores que pudieron contribuir al boom en esa actividad. En la tercera sección se plantea como hipótesis, que el M-19, a pesar de su claro liderazgo en los inicios de la industria del secuestro en Colombia, pudo mantenerse al margen de su posterior consolidación en el país gracias a sus tempranas alianzas con los narcotraficantes, a sus contactos internacionales e, incluso, a unos insólitos y reconocidos vínculos con grupos paramilitares. También se ofrece alguna evidencia para sustentar este planteamiento. La cuarta sección está dedicada al análisis de un cambio en el procedimiento penal que se dio a principios de 1987 y que, se argumenta, contribuye a la explicación del despegue definitivo del secuestro en Colombia. A nivel de conjetura se plantea la posibilidad del papel que pudo jugar Pablo Escobar, por ese entonces importante aliado del M-19, en el aprovechamiento y difusión de ese desafortunado cambio legislativo. En la quinta sección se hacen algunas reflexiones sobre por qué no se le ha dado a este debate la importancia que merece y sobre la conveniencia de reabrirlo."